Vivimos en la era de la aceleración, de la prisa y de la fugacidad. En un momento social en el que nos hemos acostumbrado a que los aspectos que rigen nuestras vidas se transformen a pasos de gigante, la inclusión parece continuar a ralentí, como eterna asignatura pendiente. No deja de ser paradójico que intentemos separar de nuestras vidas la necesidad de inclusión como si fuesen conceptos paralelos, cuando el hecho es que la diversidad forma parte inherente de nosotros mismos y de nuestro mundo. La inclusión no debería ser un concepto abstracto o un ideal lejano, sino una práctica cotidiana que nos beneficia a todos. En la Fundación ENKI, donde trabajamos cada día para hacer de la inclusión una experiencia real y transformadora, creemos firmemente en ello. Y por ello nos movemos; y aunque el paso sea corto, la mirada es siempre larga.
La labor que desarrolla nuestra Fundación se centra en la promoción del deporte adaptado, del ocio inclusivo y de todas aquellas actividades que generen igualdad de oportunidades para todas las personas, independientemente de sus capacidades. Y del dicho, al hecho. La prueba la tenemos, año a año, con las más de 15.000 personas que participan en la Carrera ENKI, la única carrera que no deja a nadie atrás. Cada uno de esos 15.000 participantes nos recuerda, en cada nueva edición, que la meta no es llegar primero, sino llegar.
Porque ENKI es mucho más que una fundación: es un movimiento. Un movimiento que despereza a la sociedad, la saca del ensimismamiento en el que las inercias de este mundo tan rápido nos mantienen inmersos y la pone en marcha para demostrar que la inclusión no solo es necesaria, sino que nos hace más felices y nos fortalece como comunidad. Creemos que, aunque sea despacio, siempre se puede ir un paso más allá; que el verdadero cambio opera cuando las barreras se derriban desde la acción y cuando la sociedad comprende que la diversidad es una riqueza y no un obstáculo.
Para acometer estos retos hace falta esfuerzo, pero en ENKI sabemos que la colaboración, la energía positiva y el optimismo son imprescindibles para lograrlo. Y no por ello somos menos ambiciosos. Nuestro objetivo es claro: construir un mundo en el que la inclusión no sea una excepción, sino la norma. Un mundo donde cualquier persona pueda acceder al deporte, al ocio y a la vida social sin limitaciones impuestas por la falta de accesibilidad o por prejuicios. Porque el ser humano tiene muchas más necesidades que el alimento, el techo y el descanso, y el derecho al disfrute, al juego y al deporte son algunas de las más importantes.
Queremos seguir impulsando iniciativas que fomenten la igualdad, llevando nuestros proyectos a más personas, más ciudades y más ámbitos de la sociedad. Queremos que la inclusión se convierta en un compromiso compartido, donde administraciones, empresas, familias y ciudadanos cooperen para hacer de nuestros espacios lugares más accesibles y acogedores para todas las personas.
Cuando una persona con discapacidad puede participar en una carrera popular con su vehículo adaptado, cuando un cualquier niño/a o usuario/a en silla de ruedas disfruta del parque con sus amigos, cuando una persona neurodivergente encuentra un espacio de ocio donde es bienvenida sin condiciones, no solo estamos mejorando su calidad de vida. Estamos mejorando y abriendo la ciudad y enriqueciendo a la sociedad en su conjunto, porque una sociedad inclusiva es una sociedad más justa, más fuerte y, sobre todo, más feliz.
Desde ENKI seguiremos moviéndonos y moviendo a la sociedad. Porque creemos que la inclusión no es un destino, sino un camino que recorremos colectivamente. Y qué importa caminar despacio, si a cada paso sumamos nuevos acompañantes dispuestos a compartir, a la velocidad que sea, una travesía donde el cambio comienza en cada paso que damos, en cada persona que se une y en cada acción que demuestra que todos tenemos un lugar en este movimiento.
Somos ENKI. Somos deporte, inclusión, diversidad, felicidad y cambio. ¿Te unes al movimiento?
Sara González
Directora de proyectos de Enki