
José Bretón antes de ingresar en prisión. Foto: EFE
"El escándalo revela una hipocresía mayúscula": 'El odio' desata el debate en torno a los límites de la literatura
Dar voz a quien asesinó a sus hijos para dañar a su esposa o respetar el dolor de las víctimas. Cuatro escritores y un editor se pronuncian acerca de la obra de Luisgé Martín, el caso literario más controvertido de los últimos tiempos.
Más información: El juez desoye al fiscal y rechaza parar la publicación del libro en el que José Bretón confiesa que mató a sus hijos
Aunque aún no ha llegado a las librerías, El odio (Anagrama), de Luisgé Martín, ha desatado la indignación entre la opinión pública. Según el propio autor, es "el viaje literario al corazón de un asesino", José Bretón, que en 2011 acabó con la vida de sus hijos, José y Ruth, de 2 y 6 años. Lo hizo para vengarse de su esposa, Ruth Ortiz, después de que esta hubiera decidido dar por finalizada la relación. Martín se carteó con el criminal, mantuvo con él conversaciones telefónicas y un encuentro presencial en la cárcel. El objetivo, dice, era "comprender" la monstruosidad de su acción, pero le ha granjeado encendidas críticas.
Al conocer la inminente publicación del libro, Ortiz envió un burofax a través de su abogada a la editorial Anagrama, solicitando la suspensión del libro, que hubiera visto la luz el 26 de marzo, advirtiendo que podía incurrir en los delitos de vulneración del derecho al honor, la intimidad y la propia imagen de los menores. El sello fundado por Jorge Herralde decidió paralizar la promoción y distribución del libro, aunque solo unos días después informó en un comunicado que defendía su publicación. Hizo lo propio el autor, alegando que "El odio no da voz a José Bretón: se la quita, niega su explicación de los hechos".
Este lunes el juzgado de Primera Instancia número 39 de Barcelona ha rechazado suspender la publicación del libro, días después de que la Fiscalía de Menores lo solicitara como medida cautelar. La pelota queda, de momento, en el tejado de Anagrama, que en el citado comunicado expresó: "Esperaremos a lo que las resoluciones judiciales indiquen". Más allá de las cuestiones legales, en El Cultural planteamos una reflexión acerca de los límites para abordar casos reales en la literatura. ¿Son necesarios o ponen en riesgo la libertad de expresión? ¿Debe prevalecer este derecho a la hora de encarar cualquier texto literario, aunque eso suponga estirar el dolor de las víctimas? Cuatro escritores y un editor exponen su perspectiva.
Marta Sanz
Escritora
Desde el absoluto respeto al dolor de Ruth Ortiz y desde la necesidad de defender a las víctimas y a las personas vulnerables, no tengo mucho que añadir a lo que han manifestado Anagrama y el propio autor. Olvidamos las peculiaridades de los lenguajes artísticos y de sus artefactos. No pretendo defender los privilegios de los artistas, sino hacer una defensa de la educación pública: como seres humanos, estamos perdiendo, a un ritmo uniformemente acelerado, recursos para indagar en las razones del dolor a través de la imaginación literaria.
"La brutalidad de Bretón nos concierne como sociedad. Como sociedad violenta y machista". Marta Sanz
La brutalidad de Bretón nos concierne como sociedad. Como sociedad violenta y machista. La literatura indaga y es una herramienta para el conocimiento. El libro de Martín nos obliga a mirar hacia nuestra zona más oscura. Todo se puede abordar en un libro: el respeto y el pudor literario pasan por cómo trates ese tema y por cómo esa manera de representar la realidad es una opción ideológica. En ese sentido, este libro es profundamente respetuoso y tan moral como todos los de su autor.
Marta Sanz es novelista, ensayista y poeta. En buena parte de sus obras ha incluido datos biográficos. Su último libro, Los íntimos (2024), está publicado en Anagrama.
Miguel Ángel Hernández
Escritor
No he leído todavía el libro de Luisgé Martín, lo que ya sería suficiente para que mi opinión contara lo justo. Sin embargo, creo que la polémica en torno a la obra plantea claramente dos debates diferentes: uno legal y otro ético.
Desde el punto de vista legal, la cuestión es sencilla: si un juez considera que el libro perpetúa la violencia vicaria ejercida por José Bretón contra Ruth Ortiz, madre de las víctimas, su publicación podría verse limitada. Pero aquí cabe preguntarse qué diferencia sustancial hay entre un libro literario y la cobertura mediática constante, morbosa y a menudo banal que realizan televisiones, tertulias y noticias.
"¿Qué diferencia hay entre un libro literario y la cobertura mediática morbosa que realizan televisiones, tertulias y noticias?" Miguel Ángel Hernández
Estos últimos formatos, siempre presentes y consumidos sin elección activa, probablemente provocan mayor revictimización. Además, creo que el propio debate público generado alrededor del libro, con su circo mediático de opiniones enfrentadas, vídeos virales denunciando la obra y la difusión selectiva y descontextualizada de los fragmentos más morbosos, hace más daño que la propia obra. Esta dinámica simplista, que se alimenta del escándalo y no de la reflexión, dificulta un acercamiento serio al tema.
La cuestión ética es más compleja y merece subrayarse especialmente que no depende del tema tratado, sino del modo en que este es abordado literariamente. Ningún tema, por oscuro o perturbador que sea, debería ser prohibido de antemano, pues es en la forma de tratarlo, en la sensibilidad, profundidad y responsabilidad del autor, donde radica realmente el debate ético.
Aunque desconozco aún el contenido exacto del libro, confío en la literatura de Luisgé Martín, un autor que siempre se ha sentido atraído por lo oscuro, lo incómodo y lo perturbador. Su literatura busca acercarse a lo monstruoso para tratar de comprenderlo, no para justificarlo o explotarlo.
Quizá el único fallo ahí pueda haber estado en no comunicar a Ruth Ortiz la existencia del libro antes de que apareciera en la prensa. Puedo comprender ese dolor. Pero, sinceramente, estoy convencido de que no es la intención del libro herir de nuevo. Como a veces, sin embargo, lo dudo cuando veo a los periodistas a la puerta de los juzgados metiendo el dedo en la llaga.
En cualquier caso, lo leeré porque ya quería hacerlo desde antes de la polémica. Tratar de entender —o de no hacerlo jamás— al monstruo. Pero sobre todo la relación del escritor con él, la propia incomodidad ética de quien se acerca a esa oscuridad. Esa es la literatura que me interesa, la que no se ajusta tal vez a lo que yo haría —ni como persona, ni como escritor—. Pero que yo no lo haga no quiere decir que no exista. Me importa precisamente esa incomodidad ética que surge de enfrentarse a aquello que está en los límites de lo aceptable. Creo firmemente en que la ética literaria debe ser entendida como un desafío crítico, no como un juicio moral cerrado.
Miguel Ángel Hernández es autor de El dolor de los demás (Anagrama, 2018), novela de autoficción en la que narra la historia de su mejor amigo de la infancia, que mató a su hermana y después se lanzó por un barranco.
Sergio del Molino
Escritor
Hay cuatro vertientes del asunto: la jurídica, la ética, la literaria y la social. De todas ellas, la que más me preocupa es la última, que se ha expresado en una oleada de furia contra Luisgé Martín a cuenta de un libro que nadie ha leído. Me preocupa que emerja una opinión tan vehemente y con tanto respaldo social que considere natural e incluso deseable la censura, pues no se hablaba de otra cosa. Especialmente, porque se manifestaba en un contexto de hipocresía: vivimos rodeados de sensacionalismo y de morbo.
Hay un negocio de narración y explotación de crímenes reales que trasciende los medios de comunicación y que abarca todas las expresiones de la industria cultural, desde la televisión a los pódcasts, pasando por las redes sociales, la prensa, la literatura y el cine, y no todas son consideradas basura. Muchas tienen prestigio cultural y se equiparan a la obra de Truman Capote. Que en un mundo anegado de criminólogos aficionados sólo provoquen escándalo las decisiones de un escritor es revelador de una hipocresía mayúscula.
"Que en un mundo anegado de criminólogos aficionados sólo provoquen escándalo las decisiones de un escritor es revelador de una hipocresía mayúscula". Sergio del Molino
Descontando esto, todo lo demás es accesorio: las decisiones judiciales se irán viendo (es previsible que la madre interponga nuevas demandas por violación del derecho al honor) y el debate ético debería discurrir por los cauces normales en una sociedad democrática: esto es, opinando y reprochándole al autor lo que cada cual considere, sin que eso devengue en algo distinto a un intercambio de opiniones libres.
La vertiente literaria se está utilizando para sostener la repulsa social: los enemigos del libro alegan que es malo y que no merece un sitio en el panteón del true crime literario, lo cual es un argumento capcioso que lleva a un callejón sin salida, pues implícitamente reconocen que, si el libro es bueno, se le puede perdonar la inmoralidad. ¿El genio da venia para dañar? ¿El daño con calidad literaria es menos dañino? Me parece que muchos se han metido en jardines pantanosos al reaccionar con la visceralidad con la que han reaccionado.
Sergio del Molino es novelista y ensayista. En 2024 obtuvo el Premio Alfaguara por el libro Los alemanes y acaba de publicar Dos tardes con Joseph Roth (Alianza).
Álvaro Llorca
Editor de Libros del K. O.
Vaya por delante que no he leído El odio. Se ha comparado mucho con Fariña, el libro sobre narcotráfico que publicamos en Libros del K.O. y que fue secuestrado judicialmente por las denuncias de una de las personas que aparecían en el libro. Pero son casos muy distintos. Me parece más interesante el debate en torno al caso de Luisgé Martín, porque en el caso de Fariña no veía matices y en el de El odio encuentro algunos más.
En este caso sobrevuelan varios debates al mismo tiempo. Personalmente no me interesan tanto los de "¡A la hoguera con el autor!" o los de "¡Oh, dios mío, nos cancelan y ya no se puede decir nada!". Son dos posturas extremas y debatir en torno a ellas siempre nos devuelve una imagen distorsionada del mundo. A este respecto, solo diré que no creo que haya que prohibir la publicación, ni mucho menos.
"Cómo describir literariamente la maldad humana sin desatender a quienes la sufrieron me parece un desafío mucho más interesante". Álvaro Llorca
Sí creo que deberíamos plantear el debate en otros términos. Tú puedes interpretar como una pérdida o como una ganancia que se reivindique la sensibilidad de las víctimas. Para mí es algo bueno y que además ensancha las posibilidades de los escritores. Se está citando mucho estos días a Capote y a Carrère. Pero ¿qué interés literario tiene proponerse hoy lo mismo que hicieron ellos? Cómo describir literariamente la maldad humana sin desatender a quienes la sufrieron me parece un desafío mucho más interesante.
Además, tener en cuenta la sensibilidad de las víctimas nos acerca a un mundo que considero deseable, más atento y sensible. No pretendo que la literatura se convierta en un jardín de rosas ni que haya que dejar de escribir sobre truculencias. Que cada uno haga lo que quiera. Pero encuentro cierta arrogancia en el hecho de pensar que el genio literario está por encima de cualquier cosa. Y encuentro cierta inhumanidad en no planteárselo siquiera.
Álvaro Llorca está al frente de Libros del K. O., un sello que edita, principalmente, crónicas periodísticas de largo aliento y textos literarios que abordan casos reales.
Gema Peñalosa
Escritora y periodista
En primer lugar, quiero expresar mi solidaridad y comprensión con Ruth, la madre de los niños. Dicho esto, la Constitución protege de manera muy clara el derecho a la información y a la libertad de expresión. En este caso, por lo que conocemos hasta ahora de esta publicación, no hay ningún elemento delictivo. Es la versión del hombre que mató a sus hijos.
Nos puede gustar más o nos puede gustar menos pero es su relato de los hechos y es lícito. Frenarlo sería un precedente peligrosísimo, igual que las campañas en redes contra el autor del libro y contra la editorial.
"José Bretón no podrá lucrarse con esta obra, Hacienda estará muy vigilante". Gema Peñalosa
Después, cada uno es libre de comprarlo o de leerlo. Está claro que hay dos debates: el de la moral y la ética, que ahí no entro, y el que se hace desde el punto de vista del Derecho. Y a quienes temen que José Bretón pueda enriquecerse o lucrarse con la obra de un tercero, habría que aclarar que eso no sucederá porque Hacienda estará muy vigilante.
En definitiva, lo que veo es a un escritor interesado en la mente de un asesino que se pone en contacto con él, recibe respuesta y cuenta lo que él le dice. La crónica negra en España está llena de casos similares. A lo largo de los años, muchos periodistas han mantenido correspondencia con presos condenados por delitos de sangre. Neus Sala tiene un pódcast maravilloso sobre este asunto que, desde aquí, recomiendo.
Desde mi punto de vista, no hay que hacer un juicio. Es una versión, una narración de lo que una parte, en este caso el asesino, ha vivido. Es su visión. Es subjetivo.
Gema Peñalosa es autora de Fuego (Libros del K. O., 2022), libro en el que reconstruye el caso de una mujer que asesinó al violador de su hija, quemándolo vivo, en Alicante.