Las mejoras en políticas públicas ayudan a incrementar la longevidad de las poblaciones.

Las mejoras en políticas públicas ayudan a incrementar la longevidad de las poblaciones.

Salud

El aumento de la esperanza de vida se ralentiza en Europa y los médicos dan la voz de alarma: "Se necesitan medidas potentes"

Un estudio destaca la importancia de desarrollar políticas fuertes en salud pública para poder incrementar la longevidad de los ciudadanos.

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La longevidad se ha convertido en uno de los grandes objetivos en los últimos años. Esto es posible gracias a que en el último sigo la ciencia ha posibilitado el aumento de la esperanza de vida. El descubrimiento de tratamientos y dianas terapéuticas para diversas enfermedades, entre otras cosas, ha posibilitado que, por ejemplo, en España la media sea de 83,4 años. Sin embargo, este crecimiento puede estar en peligro. Un estudio publicado este miércoles ha observado que este ritmo de mejora se desaceleró en muchos países europeos entre 2011 y 2021.

El informe, publicado en la revista The Lancet Public Health, ha encontrado que la mejora anual media en la esperanza de vida cayó de 0,23 años (entre 1990 y 2011) a 0,15 años (2011-2019) por cada año de vida en 20 países europeos. Esta fue la tónica general, pero hay excepciones. Noruega, Islandia, Suecia, Dinamarca y Bélgica siguieron progresando después de 2011.

Manuel Franco, catedrático de investigación IKERBASQUE, explica que este informe es un indicador cómo de bien están preparados los distintos países que se evalúan. "Los países que en 2011 iban mal, luego acaban fatal". 

Por consiguiente, los países que cuenten con las mejores políticas públicas son los que se han visto menos, o nada, perjudicados, según cuenta. Esto demuestra, continúa, que las potencias deben trabajar para aplicar medidas que protejan y aumenten la calidad de vida de sus ciudadanos. "Necesitamos políticas potentes"

En el caso de España, esta ralentización hizo que la media de crecimiento pasara de 0,25 años en el primer periodo a 0,13 años entre 2011 y 2019. El país más afectado ha sido Inglaterra, con una pérdida de 0,18 años en la mejora de la esperanza de vida en las últimas tres décadas, pasando de un incremento de 0,25 a uno de tan solo 0,07.

Otro de los hallazgos del estudio es que durante la pandemia de COVID-19 (2019-2021), todos los países, excepto Irlanda, Islandia, Suecia, Noruega, Dinamarca y Bélgica, experimentaron descensos en la esperanza de vida. Grecia (perdió 0,61 años) y, una vez más, Inglaterra (se redujo 0,60 años) fueron los que experimentaron las caídas más grandes.

Marta González, vocal de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), expone que las potencias que no sufrieron las consecuencias puede ser que contaran con "sistemas de salud sólidos y estructuras de salud pública fuertes". Partir de una situación con un sistema sanitario "en condiciones", puede haber sido la clave para haber afrontado el periodo posterior mejor que el resto de países.

Franco expone que las potencias que sí vieron afectada su esperanza de vida no tienen por qué decaer a raíz de la crisis del coronavirus. "La mayoría de países bajamos y enseguida recuperamos después de la pandemia".

Factores de riesgo

Los autores atribuyen el incremento en la esperanza de vida en el primer periodo, 1990 a 2011, a los avances contra las muertes por enfermedades cardiovasculares y cáncer. No obstante, el primer factor fue un impulsor del ese estancamiento producido entre 2011 y 2019.

Las patologías coronarias y el cáncer son "de las que más enfermamos y de las que más morimos", señala Franco. Además, tienen factores de riesgo comunes, como unos malos hábitos alimentarios, la obesidad o el tabaquismo, elementos que también nombran los autores de la investigación.

De hecho, durante las tres décadas que evalúa el estudio se vio el aumento constante del IMC en la población. Otros riesgos, como la mala alimentación, el elevado consumo de alcohol y la escasa actividad física, también continuaron elevados en la mayoría de los países.

En este sentido, el catedrático expone que los países escandinavos son un buen ejemplo de cómo mejorar la salud pública de sus ciudadanos. Reconoce que, actualmente, son "punteros" en aspectos como la alimentación infantil y recomendaciones nutricionales. "Vienen de comer relativamente mal y están progresando mucho en su alimentación, están muy preocupados por mejorarla".

Franco lamenta que en España no ocurra lo mismo y que se hayan dado por hecho ciertos hábitos alimenticios saludables que, quizá, en los últimos años han perdido protagonismo. "Aquí tenemos una dieta mediterránea que nadie consume", sentencia.

Otro factor que sugiere González, de SESPAS, es la crisis económica de 2008. Entonces se redujeron los servicios sanitarios en diferentes países y los efectos de esas decisiones a nivel legislativo no se ven inmediatamente. "Suelen verse en los años posteriores".

La situación socioeconómica también es algo a tener en cuenta, ya que en muchos casos condiciona la atención que reciben los pacientes, sugiere el estudio. El catedrático de IKERBASQUE está de acuerdo y cita una investigación reciente realizada en Estados Unidos en la que se vio una diferencia de hasta 20 años en la esperanza de vida de sus ciudadanos según ese estatus.

El análisis publicado en The Lancet Public Health pone el foco sobre la importancia de desarrollar políticas adecuadas en salud pública para prevenir enfermedades como las cardiovasculares o el cáncer, cuenta Franco. Esto debe pasar, sobre todo, por mejorar la calidad de la dieta y los hábitos de actividad física, resalta.

Los ciudadanos deben ser conscientes de que deben mantener un estilo de vida saludable, dice el catedrático. La alimentación, los hábitos sedentarios y el tabaquismo, entre otros, repercuten fuertemente en la salud y el bienestar de todas las personas. "Si no tenemos esa claridad en las decisiones que tomamos, llegará un momento en el que la esperanza de vida continúe estancándose o, incluso, disminuya", advierte.