
Autorretrato de Oriana Fallaci con su Rolleiflex (1960). Foto: Oriana Fallaci
'Tan adorables': Oriana Fallaci desvela los secretos prohibidos de Hollywood
Alianza rescata en un libro las crónicas minusvaloradas de la periodista italiana sobre las grandes figuras de la época más gloriosa del cine.
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De Oriana Fallaci (Florencia, 1929-2006) pervive el recuerdo de sus provocadoras Entrevistas con la historia (Jomeini, Gadafi, Kissinger,...). Sigue viva en la memoria su enardecida cruzada contra el Islam en sus últimos años. Incluso han dejado huella sus novelas descarnadas, aunque no tanto como su carácter insolente, descarado, incluso antipático.
Sin embargo, la fase crucial de su vida, en la que se forjaron su personalidad y su estilo como periodista y escritora, siempre ha sido relegada a un segundo plano. Es la etapa a la que corresponde lo que su biógrafa Cristina de Stefano llama su "descubrimiento de América". El momento, la década de los 50, en el que una tan bisoña como intrépida aprendiz de periodismo, dedicada entonces a asuntos menores –sucesos, espectáculos, vida mundana–, viaja a los Estados Unidos con intención de descubrir los secretos de la Meca del cine.
Los artículos de esa época fueron reunidos en su primer libro, Los siete pecados capitales de Hollywood (1956), prologado por Orson Welles. Ahora Alianza Editorial, que ha empezado a recuperar toda su obra, ha tenido la loable idea de hacer una amplia selección de esos trabajos cinematográficos bajo el título Tan adorables. Rescata así unas crónicas –en algunos casos, auténticos ensayos– sobre grandes divos de la época más gloriosa del cine. Crónicas que fueron injustamente minusvaloradas y consideradas escritos menores.
El libro de Alianza –en el que, por cierto, se echa de menos el prólogo de Welles– coincide en el tiempo con la emisión de la serie Miss Fallaci (Movistar Plus+), que reconstruye aquel periodo en que Oriana, en la nómina del semanario milanés L’Europeo, daba sus primeros pasos como periodista, se codeaba con las estrellas locales y visitantes de Cinecittà, anticipando ya el personaje en el que ella misma iba a convertirse.
En 1955, un viaje promocional le facilita el acceso a la Meca del cine. Oriana ya llevaba en la cabeza una obsesión: entrevistar a la inaccesible Marilyn Monroe, entonces escondida de la prensa. En la cabeza y en la maleta, porque había hecho acopio de camisas italianas para adular a Joe Negulesco, muy amigo de Marilyn y del que era conocido su buen gusto en el vestir. La única información que consiguió del director fue que la actriz se encontraba aislada en un lugar indeterminado de Nueva York.
Oriana Fallaci encuentra en las vidas de sus retratados muchos de los asuntos que le atormentaron en la suya
Así que Fallaci viajó a Manhattan. La búsqueda fue exhaustiva. "En una noche visitamos 12 restaurantes, 18 night clubs, 8 cines, 14 teatros", recordaría después, siempre tan obsesiva con la precisión de los datos. Toda la ciudad se enteró de la presencia de una aguerrida periodista italiana que buscaba desesperadamente a Marilyn. Los periodistas la perseguían, la intentaban entrevistar, personas de todo tipo se prestaron a ofrecerle ayuda. Hasta Louella Parsons, la temible reportera de las estrellas, dio cuenta de su empeño en una de sus columnas.
"Yo odiaba a Marilyn con todas sus curvas, sus miedos y sus rizos dorados". Oriana no disimuló su sensación de derrota. Cuando ya estaba en el aeropuerto, se enteró de que los ayudantes de la actriz la estaban buscando para concretar la entrevista. Demasiado tarde. "Norma Jean tuvo el poder de estropear mi encuentro con la ciudad más seductora del mundo", se lamentaba la periodista.
Pero Fallaci no resultaba fácil de amilanar. En un viaje posterior volvió a intentarlo. Fue a su apartamento, pero no estaba. Quien sí estaba era Arthur Miller, al que por supuesto entrevistó y del que se quedó prendada. "No le envidio a la invisible Marilyn sus formas inimitables. Le envidio a Arthur Miller". Como había que sacarle partido a tanto esfuerzo, Oriana escribió un extenso y sabroso reportaje sobre su no entrevista a Marilyn. Esto ocurría diez años antes de la célebre no entrevista de Gay Talese, narrada en su artículo "Frank Sinatra tiene un resfriado".
Tan adorables incluye cuatro perfiles principales: Audrey Hepburn, "la anti-Marilyn"; James Dean, "hermoso y salvaje"; Marilyn Monroe, "la aventura más americana"; y Ava Gardner, "los hombres equivocados". Y se completa con dos apartados de semblanzas más breves: "Hermosas y enamoradas" (Brigitte Bardot, Sophia Loren e Ingrid Bergman) y "Fuera de todo esquema" (Yul Brynner, Anna Magnani, Erroll Flynn y Joan Collins).
Sorprende a primera vista que la autora haya elegido una abrumadora mayoría de mujeres. No es casualidad. Oriana Fallaci encuentra en sus vidas muchos de los asuntos que le atormentaron en la suya. La obsesión por la maternidad (presente en Marilyn o Ava Gardner); el papel de Pigmalión que ejercen muchos hombres con sus parejas (Mickey Rooney, Frank Sinatra o Arthur Miller), las mujeres objeto (Brigitte Bardot), el maltrato sicológico y físico (Sinatra o Errol Flynn); la difícil conciliación de sus carreras con su vida privada...
En suma, la búsqueda de la felicidad de las mujeres en una época especialmente difícil para el sexo femenino. Baste como muestra esta reflexión sobre Ava Gardner y sus innumerables amoríos.
"Sobre todo no la envidien –advierte la periodista con su innovadora forma de interactuar con el lector–, porque es una mujer infeliz. No se dejen engañar por su sonriente bravuconería, porque es una mujer decepcionada. No la acusen sin indulgencia, porque es una mujer merecedora de perdón. De la vida ha obtenido belleza, éxito y dinero. Pero no ha obtenido lo que más le importaba y lo que millones de mujeres poseen sin tener su encanto: un poco de paz y un hijo".
Fallaci en algunos casos consigue entrevistar personalmente a sus personajes y, en otros, construye auténticos perfiles psicológicos, a través de multitud de testimonios de sus personas más próximas. No se acerca a ellos sin haberlos estudiado a fondo, hasta los detalles más nimios. Desde la decoración de sus casas hasta su forma de comer.
Sus artículos no son un mero cotilleo, sino una auténtica autopsia en la que intenta profundizar en el fondo de su alma. Intenta responder a todas sus incógnitas. ¿Por qué son infelices? ¿Por qué han intentado suicidarse como ocurre tantas veces? ¿Por qué se comportan de manera tan cruel, o tan estrafalaria? ¿Por qué con tanta frecuencia se convierten en adictos?
"Un actor pertenece al público y el público también se interesa por su vida privada", justifica la periodista italiana sus intromisiones. No oculta sus preferencias, a quienes admira y a quienes desprecia: "No creo en la objetividad, creo en lo que siento", llegó a afirmar. Pero, eso sí, siempre trata con respeto el trabajo de los divos e intenta comprender sus debilidades.
No son meros objetos de cotilleo, porque concluye: "Nadie duda de que las estrellas son figuras relevantes de nuestra época, del mismo modo que los dictadores, los grandes sastres y las reinas que aún poseen un trono".