
El presidente de Prisa, Joseph Oughourlian
Las maquinaciones del Gobierno con Prisa, Vivendi, Movistar+... nos mantienen en vilo. Los españoles entendemos su interés por controlar al cuarto poder para diseñar la "opinión pública" a su beneficio.
Hoy, youtubers, podcasters e instagramers dominan la audiencia joven. Mientras, los medios con periodistas profesionales —especializados en noticias investigadas y narradas con rigor— pierden contundencia en su repercusión; pero no importancia.
Cuando la política se reduce a una lucha por el poder, cualquier atisbo de fragilidad por parte de los principales medios independientes nacionales resulta peligrosa.
Quienes acceden al poder político lo ejercen con "prepotencia, excesos y pavoneo", buscando perpetuarse por beneficio personal; y no titubean al traspasar los límites institucionales y éticos de sus asignaciones para amplificar su beneficio personal.
Estos políticos actúan sin coherencia: dicen una cosa hoy y la contraria mañana. Operan con impunidad, moldeando la percepción pública con discursos adaptados a lo que más les conviene en cada momento, para ganar adoración, conseguir financiación, captar votos. Son como cantantes mediocres que ni componen sus canciones, que cambian de repertorio sobre la marcha mientras cultivan una imagen preconstruida, potenciando un culto de personalidad un tanto casposo, pero eficaz.
Hoy, youtubers, podcasters e instagramers dominan la audiencia joven
Por si los tejemanejes de los gobernantes no fueran suficientes, el filósofo José Antonio Marina expone que, detrás de la política del poder, subyace una filosofía de tendencia denominada la "psicología de las decisiones políticas"; cuyo fundamento es que "todos tendemos a justificar nuestra simpatía por un partido político aduciendo razones, pero las investigaciones muestran que en general primero se decide y luego se intenta justificar la decisión. No se trata de una falta moral, sino de un mecanismo automático de nuestra inteligencia, que puede hacernos tomar malas decisiones si no lo conocemos."
El marketing digital ha intensificado esta dinámica. Los algoritmos encierran a los ciudadanos en burbujas informativas donde solo reciben mensajes que confirman sus creencias previas. Esta segmentación provoca polarización y debilita el debate público razonado.
Frente a esta fragmentación, los medios tradicionales representan un contrapeso esencial. Ofrecen espacios comunes donde ciudadanos de distintas sensibilidades acceden a la misma información, verificada por profesionales. Su labor investigadora expone realidades complejas más allá de simplificaciones polarizadoras.
Cuando funcionan con independencia, estos medios construyen puentes de entendimiento entre comunidades cada vez más aisladas, protegen al ciudadano de distorsiones burdas, ejemplifican la libertad, el debate constructivo e integrador de opiniones amplias y diversas, y protegen el funcionamiento adecuado de poderes e instituciones democráticas.
Sin embargo, el político del poder teje una elaborada telaraña para neutralizar esta función democrática.
El político del poder teje una elaborada telaraña para neutralizar esta función democrática
Embriagado por el poder, mueve estratégicamente las puertas "giratorias" del Ibex y de otras cotizadas según le conviene; influye de manera concatenada sobre inversores estratégicos para provocar cambios favorables a sus planes en consejos de administración. Presiona para nombrar CEOs afines que modifiquen líneas editoriales. Manipula la publicidad institucional premiando a medios dóciles y castigando a los críticos. Filtra información privilegiada a periodistas complacientes mientras veta a los incómodos.
Esta estrategia se extiende al control accionarial indirecto a través de empresas participadas por el Estado, presiones fiscales selectivas y regulaciones diseñadas a medida para debilitar medios adversos. Todo configura un sistema de incentivos perverso que busca transformar el cuarto poder en altavoz propagandístico.
La ejecución de los cambios es burda, todos la vemos. Todos la sufrimos, porque lo que está en juego es la salud de nuestra libertad de expresión en España. A menudo, lo que ocurre con la salud es que tenemos que temer perderla para valorarla. Y para cuidarla más.
Esperemos que de este embiste del Gobierno español al cuarto poder, todos los medios profesionales e independientes salgan reforzados. Por el bien de los ciudadanos, esta batalla por la libertad de expresión la tienen que ganar los medios.
Para que así sea, encenderemos una velita; aunque seamos de los que NO creemos que haya un San Pedro que nos vaya a abrir las puertas del Cielo.