El ADN no codificante controla el desarrollo de las células
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Un doble descubrimiento
Primero, repasemos brevemente lo que es el ADN no codificante para ponernos en situación. El ADN en su totalidad está formado por un 3% de ADN codificante, es decir, el que sirve para codificar proteínas, y un 97% de ADN no codificante, que hasta hace unos meses se pensaba que no tenía ninguna función. Realmente hay dos líneas abiertas a este respecto porque también existen otros estudios que postulan que el ADN no codificante se ha acumulado en nuestras células y debería haberse eliminado a través de la evolución.
El estudio que os presento hoy retoma la idea de que realmente ese ADN sí tiene una función en nuestras células y, de hecho, muy importante. Los investigadores han demostrado que tiene un papel notable en el desarrollo celular y a la vez han descubierto un mecanismo desconocido hasta el momento sobre la regulación de los genes.
Lo que han visto es cómo determinados glóbulos blancos usan el ADN no codificante para regular la actividad de un grupo de genes que determinan su forma y función.
Para llegar a esta conclusión trabajaron con los intrones, que son regiones del ADN que se encuentran dentro del ADN no codificante, a diferencia de los exones, que contienen la información necesaria para la síntesis de proteínas. Por otra parte, en el proceso normal de síntesis de proteínas se necesita un molde, el ARN mensajero, que al formarse corta estos intrones porque, en teoría, no tienen información necesaria de cara a la creación de las proteínas.
Al analizar secuencias de ARN mensajero de varias docenas de genes implicados en la función de los glóbulos blancos pudieron observar que algunos de estos intrones quedaron retenidos en la secuencia de ARN mensajero y posteriormente fueron descompuestos. Es decir, el ARN mensajero incorporó los intrones en su secuencia para después acabar descompuestos al igual que los exones. Por este motivo los investigadores proponen que la retención de los intrones es un medio eficaz para controlar la actividad de muchos genes.
Este estudio es una prueba más de que se debe seguir investigando por este camino ya que según palabras de uno de los investigadores del trabajo, John Rasko:
“Nuestras observaciones fueron sorprendentes y abren totalmente nuevas vías para tratamientos potenciales en diversas enfermedades, incluyendo los cánceres y leucemias.”
Fuente: Science in public