El sebo de vaca está de moda entre los seguidores de Trump, pero la industria advierte: EEUU no tiene tanta grasa

El nuevo 'becerro de oro' estadounidense hace aguas porque no hay tanta oferta para una creciente demanda de este producto

Grasa Vaca Estados Unidos
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Del Make America Great Again al Make America Healthy Again. En este segundo mandato de Donald Trump dentro de la Casa Blanca, además de arremeter con aranceles por doquier, el presidente estadounidense está sumido en una cruzada en favor de lo saludable –o más bien, de lo que él y sus seguidores consideran saludable– que, en cierto modo, puede hacer aguas y que está llevando a la industria agroalimentaria a una situación crítica: no tener suficiente sebo de vaca para abastecer a esta demanda.

Robert Francis Kennedy Jr., Secretario de Salud de Trump –lo que equivaldría a nuestro ministro de Sanidad–, lleva en el candelero varios meses desde su elección. Poco amigo de las vacunas, y famoso por hacer declaraciones extemporáneas sobre distintas cuestiones poco comprobables, RFK se ha convertido en uno de los personajes más mediáticos del gabinete Trump en estos apenas dos meses y medio de mandato.

Encabezando una revolución que va del MAGA al MAHA o, lo que es lo mismo, volver a hacer sano a Estados Unidos –suponiendo que alguna vez lo haya sido–, RFK Jr. ha cargado las tintas a menudo contra la obesidad y el sobrepeso en su país.

Nada que no sea loable, ciertamente. Y menos ahora, cuando el país se encuentra adulando al nuevo Becerro de Oro en forma de Ozempic. Sin embargo, y casi literalmente, RFK Jr. ha provocado una nueva admiración a otro ídolo bastante más terrenal: el sebo de vaca.

En una lucha constante por descubrir qué ha llevado a Estados Unidos a tener algunos de las ratios por obesidad más altos del planeta, así como la mayor población de personas con sobrepeso del mundo, RFK Jr. ha apuntado con bala contra lo que él considera los enemigos de la dieta americana: los aceites de semillas.

Ni a la industria alimentaria, ni al azúcar, ni a la comida rápida. El objeto de las iras del secretario de Salud estadounidense han sido estos aceites, ante los cuales promulga una solución 100% americana: sebo de vaca.

No es una cuestión menor, pues buena parte de sus seguidores han aceptado esta prebenda y, de hecho, hemos visto varias veces cómo influencers se forran vendiendo skincare hecho a base de grasa de vacuno. O de cómo algunas compañías de comida rápida ahora presumen de freír sus patatas en sebo de vaca, en vez de en aceites de semillas.

Lo que era de esperar, aunque hay cosas que uno no llega a comprender, es que el mensaje calase tan hondo en la sociedad americana que la industria ha tenido que dar un toque: no se produce tanto sebo de vaca.

O no como para reemplazar el consumo actual de otras grasas, tanto vegetales como animales, a base de sebo de vaca. Un problema añadido, explican desde The Wall Street Journal, porque está encareciendo el coste de esta materia prima y, no solo eso, sino que no hay tanta oferta para una hipotética demanda elevada.

De por medio, muchos productores estadounidenses enfocados al cultivo de semillas oleaginosas como el girasol, la colza o la soja se ven ahora comprometidos por la administración Trump y la cruzada de RFK Jr, apiolados por una espada de Damocles que, por un lado, les lastra con la guerra arancelaria y, por el otro, supone atentar contra el consumo interno.

Imágenes | HHS / Imagen de wirestock en Freepik

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